lunes, 19 de mayo de 2014

La herencia

A raíz de varios acontecimientos familiares me he detenido a pensar en eso de las herencias.

Hace una semana mi papá decidió entregarme mi herencia. En realidad más que un valor monetario o económico, el valor es más sentimental. Como casi todo entre él y yo.

Ese fin de semana, luego de llorar comunitariamente y de darnos consuelo a diario, por teléfono o por pura telepatía, llegué a casa de mis papás, a quien le cuesta más superar la tristeza es a  mi mamá, pero mi papá tiene su manera bien particular de lidiar con sus sentimientos, se pone más paternal y se pone existencialista (digo yo).

Antes de regresar a mi casa y a mi vida de soltera me llamó a su cuarto y estando ahí sacó de una gaveta una bolsita de cuero, de ese cuero curtido y quebrado por el tiempo. Ya había visto esa bolsa de cuero, en ella guarda un viejo reloj de bolsillo, de esos que se usan con leontina. Sacó el reloj, que por varios años pasó sin funcionar, lo había mandado a reparar. Creí que me encargaría la misión de buscarle la leontina. Pero no.

Mi papá me ha heredado el viejo reloj que le dio su papá, es decir, mi abuelo. Le dije que yo no tenía hijos... tratando de disuadir su intento por dármelo, pienso que hay mejores destinatarios para este reloj, pero insistió y me dijo que yo sabría a quién traspasarlo en su momento.

Me quedé un poco sorprendida, lo correcto para mi, habría sido dárselo a Lorena y que ella pudiera dárselo a Sebastian en algún momento. "Lo correcto".

Pienso en todo lo que me han heredado mis papás, a veces me siento demasiado pequeña, porque no tengo la fortaleza de él, ni su serenidad, solo me logró heredar un inmenso y profundo amor por la gente de la casa... a pesar de los pesares... y a pesar de los disfrutes. Me ha enseñado que uno puede amar como a un hijo a alguien que no es de su propia sangre.



2 comentarios:

Edgar Rosas dijo...

Ah relojes, uno de mis artículos favoritos. Me encantaba cuando en películas antiguas lo sacaban de la bolsa del saco y los abrían y los volvían a cerrar. En ese solo movimiento podían expresar desdén, prisa, preocupación, furia .... el tiempo, esa cosa efímera, inmedible con exactitud y que se escapa de nuestros dedos.

pdt. quiero un reloj de péndulo, pero no creo tener el lugar que esté a la altura para lucirlo y disfrutarlo.

KR dijo...

En la sala de tu apartamento n_n