lunes, 31 de mayo de 2010

El universo en mi ventana (290510)

Mientras el buen Andrea Bocelli me mece la mañana lluviosa me percato del universo radicado en mi ventana, detrás de ella el agua, ese elemento que tanto amo, del que siento formar parte de alguna manera, va cayendo rotundamente en un frenético y suave viaje hacia la tierra que me mantiene atada a la realidad.

Esa agua refresca este infierno en el que he vivido los últimos meses, esta lluvia es como una linda cortina, fina y delicada, de esas que están hechas con interminables cuentas que acarician las manos al apartarla para pasar a otra habitación, o a otra dimensión.

Me percato en las gotas gruesas que han quedado suspendidas del alambre del tendedero, parecen almas de cristal, llenas de luz, esa luz que no sé de dónde viene, hoy no hay sol, solo la voz de Dulce Pontes meciéndome el ánimo, su tarareo me recuerda cánticos hebreos del sabath… me inunda, cierro los ojos. Pienso en él, está siempre ausente, siempre lejano, caigo en la cuenta que la distante siempre soy yo, aún en mi presencia a veces no estoy segura de estar en la misma dimensión que el resto de personas.

Pienso en la interminable inversión de tiempo en ser la que otros quieren que sea… estoy cansada. No pertenezco a esta habitación, a veces no pertenezco a ningún lugar, pienso en él y sus abrazos que me retienen, solo entonces comprendo que mi cuerpo si existe, porque entonces siento que vale la pena respirar, deseo uno de sus abrazos.

Veo el universo en mi ventana, al ritmo de esta hipnótica canción van saliendo las mariposas invernales, yo les llamo así, no sé en realidad que especie de insecto será, sus delicadas y transparentes alas me gustan, seguramente serán muy suaves, son decenas, vuelan sin un orden establecido; como a mi gustan de volar mientras llueve, invaden el patio, su reino es el reino de la humedad, de lo nostálgico. Vuelvo a pensar en él y sus besos, en esa manera suave de tocarme, de amarrarse a mi cintura. Ellas siguen danzando al ritmo de O Mare E Tu, mientras sus dedos recorren el terreno de mi piel, la lluvia arrecia… mi ensonación se va, él no está aquí conmigo, no tengo sus manos, no tengo sus besos… sus ojos no me miran, la tibieza de su ternura no me consuela ahora. La tristeza es algo que nunca he logrado comprender.

El agua cae cada vez más rotunda, más fuerte, más violenta… es dueña y señora de los mortales, no tenemos más opción que buscar refugio ante su furia, yo le platico mientras la observo desde mi cuarto, desde mi cuarto busco ignorar otros ruidos, solo estamos nosotras: la música, la lluvia y yo, las tres estamos solas, no está él para darle sentido a este frío, para proponer excusas para reír. La lluvia lo sabe, he estado esperándola. La música lo sabe, me ha estado acompañando desde hace mucho tiempo. ¿Sabrá él que pienso en él desde este universo en mi ventana? No lo sé.



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