viernes, 5 de octubre de 2012

Señales INEQUÍVOCAS de que ya pertenece a un pueblo

Bueno, heme aquí... en Suchitoto, departamento de Cuscatlán, vecina de un lago, rodeada de sapos, agobiada por el calor. **suspiro profundo**

Tengo cuatro meses de haber llegado a este pueblo, me ha tocado conocer a más personas, tomar nuevos afectos y simpatías, reorganizar mi cosmos, replantear mi economía y por supuesto, iniciar terapia por mi fobia a los sapos. 

No sé por qué, pero hace poco se lo comentaba a alguien... siento que tengo mucho más tiempo en este trabajo y que las experiencias vividas han sido demasiadas a veces y de proporciones alarmantes. Tal vez me estoy volviendo vieja y he empezado a sentir que el tiempo se alarga de más. 

Bajo esa reflexión, y en conjunto con Ericka (voluntaria peruana), Tatiana (mi jefa) y Nan (voluntaria canadiense pero de origen asiático) llegamos a varias conclusiones; por ejemplo Ericka tiene la teoría que un pueblo, deja de ser pueblo y se convierte en ciudad pequeña cuando hay un McDonalds y deja de ser ciudad pequeña y se convierte en urbe cuando hay un Starbucks. 

Yo tengo mi propia escala (que he ido viviendo poco a poco) de señales que indican que una ya es parte de un pueblo:

1. Se ubica a la señora pupusera reina de la región, es decir, el lugar proveedor de las pupusas tan necesarias en noches en que una no quiere cocinar. (Esta señal es patrocianda por Victor... es decir @animaldecueva en el tuiter)

2. Misteriosamente se te va la paranoia (y a veces hasta te extrañas de tanta calma al rededor) y empezas a saludar a la gente cuando caminas por las calles y sobre todo... las ves a la cara, empezas a identificar a gente clave: la señora de la carnicería, el señor que arregla los techos, el cipote que poda y hace reparaciones en las casas, la señorita que atiende en el banco.

3. Te vas a tomar un par de cervezas con las amigas sin miedos, ni preocupaciones, a cualquiera de los dos únicos lugares abiertos entre semana,  y todavía te regresas a la casa caminando sin miedos.

4. Ya no te da pena correr tras tu chancleta si se la lleva la correntada de agua de alguna tormenta que te agarra desprevenida caminando por las calles empedradas e instauras tu método personal de evitar caídas en lo empedrado.

5. Dejas de ver a tu pareja por más de dos semanas y ya vas asumiendo que eso es casi lo normal. Te llaman de la casa materna y te da hueva ir hasta allaaaaaaaaaá y te da roña solo pensar que tenes que  pasar por la carretera que están reparando. 

6. Al fin... después de mucho, preguntas... ¿Cuál es mi dirección? y le decis a tus amigos o amigas, en las pocas ocasiones que logras ir a departir con ellos a la capital...cuando te preguntan "¿y qué te has hecho?"... "vivo en Suchitoto".

Y puesi... heme aquí... viviendo en Suchitoto.

2 comentarios:

Clau dijo...

Pues no creo que si le ponen Starbucks a Suchitoto se haga urbe. Y no creo que falte mucho para que lo pongan, es turístico así como que bohemio-caché.

Vaya, ya ve, ese sí es pueblo...Sta Ana no, aunque los capitalinos digan lo contrario.

KR dijo...

Jajaja

Sabe que no puedo hablar de Santa Ana (en mal) porque peligroso y me fusilan... dejémoslo así.