miércoles, 24 de octubre de 2012

Todo puede cambiar en un segundo

Esta mañana desperté muy bien. Soñé con un lago de aguas apacibles, de sus aguas... los peces dejaban ver sus lomos de colores, en mi sueño me sentía muy bien, pocos sueños tengo que me dejan esa sensación de un amanecer lindo y perfumado.

Al despertar, llamé a la casa de mis papás, no solo porque teníamos que coordinar la entrega de varias cosas que dejé en su casa la semana pasada que pasé ahí por ir a un taller, sino porque quería saber de ellos, hablé con mi papá, bromié con mi hermana y saludé a mi mamá. Eran las 5:30 de la mañana.

Me puse a escribir inmediatamente, hasta las 7 vi que mi mamá me estuvo llamando, pero pensé en llamarla a su oficina al llegar a la escuela. Al entrar me tocó ver algunas cosas entre los compañeros y de paja en paja... olvidé llamarla. Hasta las 10 a.m. vi que Lorena, mi otra hermana me había llamado. Le llamé. Al parecer a ella le ha tocado dar noticias sombrías, ella me confirmó la muerte de mi tío hace unas semanas, hoy me dijo algo que me dejó helada: Una rastra le pegó al camión donde iban mis papás y Gabriela, la menor de mis hermanas, el golpe fue tan fuerte que volcó el camioncito azul, los vidrios se quebraron y la llanta de adelante, de la izquierda se explotó. 

Al escuchar la descripción de los daños lo que me vino a la mente es que mis papás y mi hermana estaban gravemente heridos y que el conductor de la rastra había huido como siempre. Pues no: el conductor se bajó, auxilió a mi familia, estaban muy asustados, especialmente mi mamá, pero aparentemente no estaban heridos, ni un solo rasguño... admitió su culpa, pidió apoyo de su empresa y trasladaron a mi familia a un hospital para que los revisaran. No tienen golpes internos y pagarán los daños materiales.

Colgué con Lorena y le llamé a mi mamá, estaba tranquila, me confirmó que no tenía golpes ni nada, que Gabriela ya estaba en clases y que mi papá estaba con ella, chequeándose el azúcar para luego ir a ver los trámites para meter el camión en el taller. Me dijo que no me preocupara.

Cuando colgué con ella recordé mi sueño y esa sensación de la mañana, en la que supe que estaba en un tiempo tranquilo, sin mayores sobresaltos y yo que siempre pienso demasiado, pensé en eso, en que desearía que siempre fuera así... que si pasa algo feo, mi familia salga ilesa, que el susto sea solo un rato, que sepa... que no importa si hay cosas feas al rededor... ellos estarán bien.

Sí, yo sé, tengo que estar lista si no es así también. Pero hoy me doy permiso de sentirme feliz de tener un día tranquilo, a pesar de las rastras desbocadas. 



2 comentarios:

Rafael A. Rodríguez dijo...

Me alegra saber que tus seres amados están bien, Karla. ¡Cuidate!

Mente Desocupada dijo...

Gracias a Dios el accidente no causó daños a tus padres, lo material se repone, cuesta pero se repone, pero la salud, esa cuesta.

Fuerza.