lunes, 27 de octubre de 2014

Los adioses que no se dan

El sábado pasado me avisaron que una profesora que tuve en el colegio murió. Además de haberme dado inglés por tres años y ser la mujer que ha hecho maravillas conmigo sobre un idioma extranjero, fue también mi compañera de trabajo durante casi 9 años. 

Pensé en ir a la vela un rato, pero mi timidez y mi ser huraño me ganaron y al final no fui. La verdad, me da un poco de miedo reencontrarme con un pasado que me costó trabajo perder. Soy una tonta, lo sé.

Me quedé pensando en la fragilidad del ser humano, de repente podes ya no estar. Leyla, mi profesora de inglés, tenía 71 años y según lo que entiendo tenía ya varios meses de estar con problemas de salud. Es "lógico" que la gente mayor muera, no somos eternos, lo sé. Pero, ¿cómo nos enfrentamos a la muerte? Casi nunca estamos preparados. ¿Cómo apreciamos a aquellos que  nos han enseñado tanto? No me refiero solo a un conocimiento académico, sino a esos pequeños-grandes consejos que ayudan en algún momento.

Leyla se fue, no me despedí en persona, pero si tuve un momento en el que pude recordar todo lo que me enseñó esta mujer, que en su sencillez, en su vida cotidiana-normal, hizo grandes aportes a la vida de muchas generaciones, casi 35 años batalló con adolescentes y jamás voy a olvidar cuando me veía corriendo por los pasillos del colegio, siempre atareada y me decía... "Calma, Karlita". 

1 comentario:

Edgar Rosas dijo...

De Leyla recuerdo las 500 millas de Indianápolis que presenció y nos contó a detalle. ^_^ En inglés por supuesto.