jueves, 9 de octubre de 2014

Vivir sin celular

"¿Aló?, si... no.... ella no tiene más este número"

Tengo casi dos semanas de no tener celular. Puedo decir y asegurar que los primeros tres días fueron horribles, no me encontraba, ni encontraba a los demás.

Estamos acostumbrados a la inmediatez, a lo instantáneo y a lo soluble. Estamos bien jodidos.

Paralelamente, descubrí que mi violeta tiene ahora 5 flores, tuve que esperar casi 8 meses para que floreciera de nuevo, me alegra verla cada mañana engalanada con ese color morado fuerte, es preciosa en serio, esa planta a soportado casi de todo, cuando el años pasado me la regalaron para mi cumpleaños, me dijeron que era tremendamente delicada, cuando me lo dijeron pensé "ya se me murió", pero no... soportó una caída desde la segunda planta, las travesuras de Tolstoi, el hecho de que se me olvida (de vez en cuando) regarla y otras tantas cosas.

Otro caso importante que implica la NO inmediatez es que ahora me tardo cerca de una hora para trasladarme a mi trabajo, antes agarraba un bus y en 10 o 15 minutos estaba en mi ex oficina, ahora si tengo suerte llego en unos 45 minutos, en la mañana, pero en la noche... ya me he tardado hasta una hora y media. entre el tráfico y buscar rutas alternas.

Vivir sin celular es estar consciente del tiempo, del tiempo que invertimos en esperar. Antes les dije, los tres primeros días fueron horribles, no lograba comunicarme "rápido" con mi gente (que son prácticamente Miguel, a veces mis papás y algunos contados amigos), pero luego de casi dos semanas todo está bajo control. En la noche, cuando aterrizo a casa, le envío un old fashion mensaje a Miguel vía web y ya. "Ya en casa" escribo y me relajo de saber que él se relaja, porque lo comprendo, este país está lleno de inseguridad y no sabes si vas a regresar con bien.

Confieso que desde ayer estoy considerando dejarme así, sin celular. Uno se hace más creativo y recuerda la importancia del respeto del tiempo ajeno (en el caso de quedar con alguien más para reunirse), se hace menos dependiente y el tiempo discurre en otras cosas: leer en el bus, ver las plantas florecer (y no tomarles foto para subirlas a instagram) ver atardeceres o simplemente contar las gotas de lluvia que caen sobre el vidrio del bus mientras viajas a tu casa.

Como ejercicio, en realidad es bueno.

1 comentario:

Edgar Rosas dijo...

A veces olvido intencionalmente mi teléfono en casa para vivir el viejo estilo. También pude sobrevivir un mes sin FB que es mucho decir cuando te vuelves adicto a las redes sociales.