lunes, 9 de diciembre de 2013

Carta para sobrevivir

Mis queridas amigas:

Ustedes han estado presente en mi vida durante muchos, muchos años. Tanto que, cuando llegaron, eran apenas un par de niñas. 

Esta vida quiso que se quedaran, ambas han tenido el desarrollo de miles de muchachos en este país, se graduaron de bachilleres, fueron a la universidad, estudiaron psicología y ahora trabajan. Casualmente ambas están pasando por lo mismo... tienen el corazón roto. 

Las circunstancias y las parejas esas que ya no lo son, las han puesto en la misma tonalidad, en ese color claroscuro que vivimos las personas que pasamos por rompimientos. 

Durante años yo viví así, no porque me cortaran o porque cortara a los muchachos que se me acercaban, era porque en el fondo no solo es el peso de la soledad es el que chinga, sino sentirse como en una burbuja. Así es, una se siente como en una burbuja. 

En esos días no entendemos que a pesar de que la persona que queremos no está o se ha ido, existen otras personas, no importa si son la familia donde una ha nacido o esa OTRA familia que nos acoge con amor sincero: los amigos. Rehuímos de todo aquello que nos enfrente a una posibilidad que pasa latente en toda persona: la incapacidad de formar vínculos con una persona en específico... ser parte de la historia de alguien y tener un papel en sus días. 

No, vivimos en una burbuja. 

La burbuja de ustedes llegó a mi casa el sábado pasado y aunque me alegra constatar que ahora al menos ya se ríen un poco más, aún está presente esa envoltura invisible que se infla y no nos deja pasar a los que si las amamos incondicionalmente. Entiendo esa necesidad de solitariedad que sienten ahora, es lógico que quieran pasar cierta parte del proceso solas, comprendiendo que tienen que arreglar y solucionar líos muy personales que vienen a saltar justo cuando hay un rompimiento.

Para mientras, los que estamos fuera de esa burbuja las esperamos, con paciencia y con todo el amor que ya les tenemos. Las esperamos porque, independientemente si tienen o no pareja, ustedes ya estaban en nuestras vidas. Se afincaron, al menos, en mi corazón y son, junto al resto de sus "hermanos", uno de los grandes amores de mi vida. 

Todas las mujeres pasamos por estos tiempo, yo misma pasé lo mismo el año pasado justo para estas fechas y una no encuentra qué hacer con tanto amor que le sobra, por eso les digo: tienen derecho a sentirse tristes pero también tienen la responsabilidad con ustedes mismas de no dejarse vencer. Reconocer no solo el amor que les tenemos los demás, sino también reconocer el amor que sigue dentro de ustedes. El hecho de sus separaciones no quiere decir que el amor no exista. Al contrario. El amor se vuelve un factor determinante para todo: para decidir si van a volver con sus parejas, para decidir que no hay remedio, para decidir vencer a la tristeza, para decidir que las lágrimas que lloran valen la pena o no, para decidir volver a reír con todas sus fuerzas. 

Quería decirles eso, que a pesar de estar en esa burbuja, yo sigo acá, acompañándolas mientras están ahí y esperando a que salgan y que podamos ver, juntas, que el amor... en realidad existe. 


1 comentario:

Morirse dijo...

Era para ellas, pero yo también llevé un pedacito. Qué entrada tan chula.