miércoles, 2 de abril de 2014

Fracción de segundos

Martes por la noche, mi hermana y yo platicando de libros, propuestas y planes cuando de repente escuchamos un alboroto en el balcón... dos gatos peleaban.

Vi a mi al rededor y Tolstoi no estaba junto a mí como suele hacer, instintivamente me levanté y corrí al balcón... Un gato grande, anaranjado y rayado estaba sobre mi gatito. El trataba de defenderse, pero como todo niño que recibe su primera paliza escuelera lanzaba zarpazos con los ojos cerrados mientras mostraba sus intimidantes colmillos de leche... tan letales como una pluma. 

"¡Soltalo!" grité. Sentí la mano de mi hermana agarrándome la punta de la blusa para evitar que me metiera en el pleito... no pudo. Me metí. Cuando el gato vio que me avalanzaba sobre el molote de pelos y uñas, soltó a mi gatito que corrió a mis manos. El gato intruso saltó al tejado de la casa vecina, en un acto instintivo y territorial me acerqué y le grité algún insulto propio para su condición gatuna. Me vio como burlándose ya lejos, sabía que no podía seguirlo. 

El tierno estaba temblando en mis brazos, su corazoncito cascabeleaba a todo vapor. Me miraba con ojos desconcertados, como preguntándome... "¿Por qué pasó esto? Yo solo quería jugar". Porque tiene razón Miguel, Tolstoi piensa que todo es juego... Por supuesto, es un niño. 

De pronto, sangre. 

En la blusa tenía pequeñas marcas de su sangre, lavé su pata herida y lo curé. Gabriela que no es muy afecta a mi mascota me ayudó y le hizo un par de caricias. Pasó el pobre gatito lamiéndose el rasguño. Se fue quedando dormido a mi lado. 

Esto de tener afectos es un poco complicado. 

Me quedé pensando en que hace un año Miguel estaba herido, en que Gabriela salió herida de una relación y ahora está iniciando otra, pienso en mis "peleas" y en mis heridas, recordé a Claudia y su depresión. En mi mamá y sus pruebas de memoria y en el riñón herido de mi papá... y en las heridas de Lorena. Recordé a Flor y sus tristezas y de otra gente que vive en mi ecosistema. De pronto, sangre. 

Esto de tener afectos es un poco complicado, pero es bueno sentir que, de repente, alguien se mete y te defiende de esos fieros y horribles gatos anaranjados (sean estos tristezas, aflicciones, olvidos o gatos horribles, fieros y anaranjados). 

Me fui quedando dormida al lado de mi gatito.

2 comentarios:

Edgar Rosas dijo...

Ay mi muchachito tan gatiyo. Pero a zarpazos se aprende la vida, yo tengo uno grandote en la cara ^_^

No olvidar las vacunas cuando correspondan.

KR dijo...

¿Cómo se llama el tuyo?

Ya pasamos por las vacunas...