sábado, 24 de noviembre de 2012

Caminar

Ayer me decía mi jefa que uno tiene siempre dos caminos, que todo radicaba en lograr decidir cuál se quiere recorrer, si se quiere recorrer sola o acompañada y el tiempo que le dedicamos a recorrer dicho camino.

Me dejó pensando, como suele hacerlo.

Aunque me precio de tener claridad en muchas cosas, resulta que en cuestiones que implican más mi ser interior a veces fallo. Soy insegura, tengo temores infundados pero algo infantiles y a veces no logro discriminar adecuadamente cuando a un presentimiento debo hacerle caso... detalles técnicos.

La vida no me gusta cuando me trolea, me maltrata y me agarra como hija de crianza y justamente estas dos semanas se ha empeñado en probar mi paciencia y mi coraje. Supongo que así debe de ser, para que una pueda medir adecuadamente el crecimiento personal, aunque esto me sonara a puritita mierda en las últimas 48 horas. Déjenme ser... tengo derecho a desporticar de vez en cuando.

Caminar es, también, recoger nuevos conocimientos y decisiones: no acumular rencores, aprender a ver con objetividad las situaciones, buscar soluciones (si las hubieran), no prometer a nadie nada (en especial si una está pasando por dolor o tristeza, porque no se sabe si se cumplirán esas promesas), no esperar nada de nadie, solo disfrutar el tiempo compartir, pero sobre todo... sobre todo... recordar que el camino está ahí, que si ya no se recorre en compañía, igual está ahí para ser recorrido por una sola, y eso es bueno.

Tomar decisiones cuesta, bueno, a mí me cuesta, más cuando son para mí misma, pero cuando al fin logro decidir soy implacable. Eso me lo enseñó mi papá desde pequeña: "la decisión tomada es la mejor, no la soltés aunque pareciera que te has equivocado y sobre todo... no te arrepintas de nada, se supone que para eso pensaste bien antes de decidir".

Gracias camino: lo que he recorrido estos meses pasados fue bueno, seguí regalándome más tiempo.

1 comentario:

Mente Desocupada dijo...

Creo que la paciencia nos la prueban a todos, y te entiendo perfectamente, yo he pasado por unas 3 semanas casi el mes con situaciones que han requerido muchísima paciencia y, es cierto, uno se cansa, se siente agotado, pero las lecciones te quedan y eso es lo importante.

Saludos.