martes, 19 de noviembre de 2013

¿Cómo sobrevivís cuando te sentís mal?

Esa pregunta me la hizo Claudia, mi amiga-ahijada. En octubre, cuando me puse muy mal, fue ella quien me subió a su carro, desesperada de verme por más de 24 horas con fiebre. Ella la que pasó a comprarme comida porque el doctor de paso me regañó porque le dije la verdad... no había comido porque resulta que cuando una tiene fiebre, el hambre se le quita. Ella la que llegó en la noche con una bolsada de compras... que incluían un mini cartón de huevos, pan de caja, frijoles empaquetados y listos para calentar y consumir y otras exquisiteces de emergencia nacional.

Anoche fuimos a cenar, por Carmen, también amiga en común me enteré que mientras Claudia se encargaba de que no me muriera justo en la semana de mi cumple, justo en esos días empezó a tener problemas... de esa tanda de problemas que a veces pasan: te va mal en el trabajo, te peleas con tu mamá y de paso el novio te "pide tiempo". Claudia ha estado triste.

Aunque lo he sabido, nuestros mensajes vía Whatsapp no pasaban de lo básico... "estoy bien, sobreviviré" (ambas decíamos lo mismo en diferentes circunstancias), hasta anoche que logramos estar un par de minutos frente a frente. Justo cuando venía a dejarme a mi casa, pasamos frente a una iglesia y Claudia me preguntó lo que nadie nunca me había preguntado: "¿Cómo haces para sobrevivir sin Dios cuando te sentís mal?, ¿qué haces? ¿Cómo soportas no tener nada?".

Claudia, como yo, viene de una familia católica conservadora. Dice no creer en la iglesia, sin embargo aún reza. y su "yo sé que ya no crees en dios" fue la frase que me sacó de mi zona de confort. Es tan fácil decirse ateos mientras estamos bien. Mientras no nos duele nada, mientras tenemos trabajo bien remunerado, mientras no se te enferma nadie querido, mientras no sentís cerca alguna crisis... mientras nadie te ha roto el corazón. Pero cuando algo o algunas de estas cosas enlistadas sucede, el ser ateo a veces se torna un poco incoherente.

Para ser ateo, creo, primero uno tiene que ser un poco terco, un poco caradura y de paso tener un ego bastante desarrollado, lo digo con cariño a todos los ateos que me rodean y que tienen más tiempo que yo de serlo. Recordé lo que me dijo una vez Miguel, recién nos conocíamos... "Vos no sos atea, no lo decís vos, lo digo yo", lo dijo basado en sus observaciones de mi diario vivir.

Le contesté a Claudia que una de las cosas que ayudan es hacer un recuento, un inventario de lo que uno posee en su interior, luego listar a las personas que tenes a tu alrededor y que sabes que contas con ellas, mucho o poco no importa, pero que sabes que si les llamas a medianoche porque estás prendida en calentura seguro y como mínimo a los 15 minutos estarán tocando a tu puerta y traerán entre sus manos una gran botella de suero oral y la firme convicción de zamparte al carro y llevarte al hospital, aunque sea lo último que hagan en la vida.

Eso en esencia... digo yo... Saber qué tiene uno en su interior y saber qué afectos te rodean... El por qué o el cómo o el cuándo decidiste dejar de creer en dios, no importa al fin y al cabo, lo que realmente importa es que estás acá, con una creencia menos, pero más fuerte en cuanto a lo que decidis hacer de tu vida.

Una tiene el derecho de creer o no creer. Tarde comprendí que tampoco puedo juzgar a los que si creen, bueno a veces dan ganas de trolearlos por sus incoherencias, pero no es correcto, no es ético. Ya que si se decide ya no creer, no tengo por qué esperar que los demás sigan mi ejemplo. No soy evangelizadora.

Pensé mucho en mi amiga, en sus dolores (que a diferencia de los míos no son físicos), pensé en lo que cuesta aprender a superar ciertos dolores, pensé que a veces uno quisiera hacerse el maje y dejarle la responsabilidad de una decisión, de un paso dado a alguien más fuera de nosotros y eso no se puede, no es parte de crecer como personas.

Pero luego recuerdo lo que he ido viviendo, no solo en este último año, sino en los años que llevo pensando en que Dios no existe y no... no encuentro la forma de explicarle a Claudia que a veces uno no sobrevive por obra y gracia del ateísmo, sino de la gente que te quiere... aunque no te comprenda.

San Juan lo dice, en la Primera Carta de él mismo, "Dios es amor". Yo no sé si dios existirá. Pero de lo que si estoy segura es que el amor si existe (amor a una misma, a los demás y a cuestiones más abstractas como la justicia, la igualdad y la equidad) y eso nos salva en un 100% de los casos... eso y una gran dosis de necedad para seguir respirando.

2 comentarios:

Edgar Rosas dijo...

Para que se asiente en registro, tampoco te consideré atea ^^

"..Pero cuando algo o algunas de estas cosas enlistadas sucede, el ser ateo a veces se torna un poco incoherente." esta frase ayuda a corroborar mi suposición.

Un ateo cuando necesita apoyo recurre a los amigos/as a la familia; y si ninguno de los dos existe, pues se hace una visita introspectiva y de la reflexión surge la razón .. o morís en el intento ^^

Lo de trolear creyentes lo hago por deporte, un pasatiempo satisfactorio y malsano.

Miguel G dijo...

"Soy ateo, pero tengo una gran fe", esa es la respuesta correcta (frase tomada prestada de El prisionero del cielo de Ruiz Zafón).
Lo que pasa es que la gente cree que ser ateo significa ser amoral, falto de valores y no sé cuántas cosas más. Ser ateo simplemente es no creer en un ser superior, no importa cual y el papel que juega en nuestras vidas; pero no significa que no creamos en la bondad de las personas -de algunas-, y que seguimos maravillándonos de esa cosa que se llama vida.
¿Cómo se sobrevive? a través de la reflexión, de la amistad, de putear a alguien o a nosotros mismos...