lunes, 27 de diciembre de 2010

Y que conste...

yo rompí con vos, no vos conmigo...

Siguiendo en la temporada "el afecto nos vuelve algo pendejos" les voy a contar mi historia con este hombre.

Manuel fue mi amigo durante largos años, lo encontré en el colegio y de repente se convirtió en un ser importante para mi, era mi amigo, mi hermano, confidente, mi alero... le quise muchísimo.

Uno bien reconoce desde el primer instante si esa persona solo va a ser tu amigo o si hay alguna posibilidad de trascender a otro tipo de relación un poco más exclusiva-romántica, a pues este caso fue de las primeras, desde que nos conocimos ambos supimos que podríamos tener una relación de amistad total y absolutamente limpia de la malicia sexual.

Compartimos muchas cosas: experiencias, trabajo, estudios, viajes, amistades... nos contamos nuestros amoríos y nos cuidamos mutuamente, cuando fui a vivir sola, a los meses, me preguntó si podía ir a vivir conmigo, no le vi ningún tipo de problema y hasta lo vi como una oportunidad de mayor seguridad, fue así como fue a vivir conmigo y Rasputín.... establecimos horarios y reglamentación pa no pasar verguenzas y superamos con mucha elegancia y con el ánimo de siempre esa prueba. Hasta ese momento nunca habíamos discutido, nunca nos habíamos peleado... pero resulta que una vez, mi mamá se enfermó de gravedad, todo se me juntó: estaba terminando la segunda tesis, la relación con Tony iba y venía de manera oscilatoria y sin muestras claras de nada....estaba pasando por un tiempo turbulento de calificación masiva de mis alumnos en el colegio, mis hermanas reclamaban mi atención ante la ausencia materna... y Manuel decidió irse a vivir con su mamá otra vez, ta bueno... no hay problema... eso no fue lo que  me provocó molestia, pero admito que ante una madre grave, tenerlo cerca me ayudaba, me sentía apoyada, tenía al menos con quien platicar.

El asunto es que se fue... digamos un sábado... no tuve noticias de él toda la semana, a los ocho días, el domingo del siguiente finde... regresaba yo un poco triste del hospital, luego de visitar a  mi mamá y de ayudarle a buscar sintagmas nominales a mi hermanita en sus tareas escolares, para hacer esas actividades el domingo tuve que calificar toooooooda la noche anterior, así que regresaba a mi casa: cansada, triste, desanimada y con dolor de cabeza....

Abro la puerta.... en MI sillón, en MI sala estaba sentada una tipa... o.O
Buenas tardes... saludé... la vi de reojo... "buenas" me dijo su vocesita de princesa finjida... fui a la cocina a guardar el queso que llevaba y desde ahí la vi... chelita, delgadita, linda, bien arregladita... WTF??? pensé... salí de la cocina y esperaba que me explicara su presencia en mi casa y cómo gran putas había entrado, aunque ya me imaginaba yo algo... "¿sos la hermana de Manu?" me preguntó cuando me vio... eh.... (no se imaginan la cantidad de respuestas que se me vinieron a la mente en ese momento... pero solo contesté) Si... nada mas...

Subí a la segunda planta de la casa, saliendo de su cuarto venía Manuel... bien bañadito, limpio y fragante. ¬¬ No me molestó el hecho de que llegara a "enmotelarse" con la bicha en mi casa, en el fondo no fue eso, no al menos en sí mismo, justo antes de irse yo misma le dije que podía regresar las veces que quisiera... pero no pensé que sería tan luego. De remate, cuando me vio... solo me dijo... "¿Quióndas? Ya me voy..." y en efecto se fue...

Temprano no tuvo la decencia de llamar y decirme "mira, hay una bicha, voy a ir a tu casa... no te vayas a asustar" y ahora no tenía el mínimo tacto de preguntarme (al verme) "mira, qué tal está tu mamá, siguió mejor, qué tal estás vos, no te he podido llamar ni escribir toda la semana, pero me anduve acordando..." o al menos algo parecido a eso en sus propias palabras... me fue entrando una sensación tan fea... algo así como indignación, enojo, tristeza... lloré.

Por supuesto, como todo buen hombre, le calló el veinte a medianoche (no sé qué tendrá esa hora con los hombres, siempre se dan cuenta de las barrabasadas que comenten... a esa hora) y osó en llamarme a esa hora... ¿por qué siempre que me ofrecen una disculpa telefónica es a esa hora??? (WTF???) Medio dormida contesté, en realidad como andaba tan tensa con lo de la salud de mi mamá que ni vi quién era el que llamaba,, si lo hubiera visto... ni le hubiera contestado... se disculpó... yo, que en ese entonces era mucho más complicada y pleitista que ahora, le solté una serie laaaaarga de reproches, lloré diciéndole que me sentía sola y que él se aparecía por mi casa con el único objetivo de cogerse a una pendeja. Lo maltraté de afeyo y él asumió esa consecuencia de sus acciones.

Cuando al fin nos vimos las caras de nuevo, no hablamos más del asunto en sí mismo... solo dijimos que lo pasado era pasado y que no había que volver a mencionarlo... él se disculpó y yo lo había disculpado... punto.

Ingenuamente pensé que todo sería como siempre, de alguna manera si lo era... pero algo había cambiado... algo que hasta el sol de ahora no sé qué es.

¿Por qué el título del post así? Bueno, Manuel se fue a hacer una maestría a España, cuando se fue no se despidió de mi... si hablamos, pero no nos vimos para esos días. En octubre que vine al país, un día le llamé a Gerardo (otro amigo) me dice "vamos a almorzar mañana, para celebrar tu cumple, te tengo una sorpresa" Me encantan las sorpresas... con ansiedad esperé a ver qué es lo que Gerardo tenía preparado para mi. Llegué a las 12 en punto a la oficina de Gerardo para ir a comer, como acordamos, dieron las 12:30 y a mi me empezaba a dar hambre y no veía claro... y le digo "me estoy muriendo del hambre, vámonos ya", Gerardo hace una llamada y nada, no le contestan... "no nos podemos ir, tu sorpresa no ha llegado" Ah!!! no es un regalo, es una persona... Resulta que Manuel también había regresado a El Salvador, un día antes vio a Gerardo y éste le contó que también yo estaba aquí, que fuéramos a comer los tres juntos, cuenta Gerardo que Manuel, muy entusiasmado le dijo que sí, que quería verme y blablablabla... yo me alegré cuando supe que era él al que esperábamos, había recibido dos o tres cartas desde que se había marchado pero siempre sentía que era bien cercano en sus palabras, me decía que me cuidara, que quería conocer a la gente nueva que había llegado a mi vida, que saludara a mi familia, en fin... todas esas cosas que uno dice en una carta a la persona que quiere.

Nunca llegó.

Pensé que a lo mejor alguna razón poderosa lo había detenido, hasta le escribí un correo al regresar de almorzar con Gerardo, le dije que estaba unos días más en el país, que me llamara a tal número... pa ponernos de acuerdo... nunca contestó y nunca llamó.

Un día de esos, pasé cerca de la casa de la mamá de Manuel, estuve a punto de decirle al otro Manuel con el que iba en ese momento, que pasáramos, para ver si lo encontraba. Pero en ese instante... en ese justo momento tuve una revelación... no tenía por qué ir... ya le había dicho mis coordenadas, le di las diversas formas de comunicarse conmigo, sino lo había hecho es porque no quería. PUNTO.

A uno se le olvidan este tipo de cosas, si los amigos son amigos, ahí andan, pueden desaparecerse por largas temporadas, pero cuando llamas/escribís, ahí andan y conjugan el tiempo que a veces es tan difícil conjugar para verte y estar un rato con vos, si ellos llaman o escriben, entonces vos haces lo mismo.

A lo mejor Manuel piense que él fue quien cortó nuestra relación, pero lo que no ha entendido en aquella región de la Mancha es que quien realmente cortó la relación, fui yo.

Lo trascendental del asunto es que en este tiempo he tenido que evaluar y decidir sobre otras relaciones que tenía en remojo, unas han mejorado, otras... ahí van... tendré que esperar aún un tiempo más para ver si sobrevivirán.

1 comentario:

Roberto dijo...

Lo entiendo perfectamente!