sábado, 26 de mayo de 2012

Queridísimo Ernesto:

Más pasan los años y más te recuerdo. Hoy cumplís ocho años de ya no estar aquí. No sé dónde estás, solo espero que sea un lugar lindo, si es que existe.

Es imposible no recordarte con cada mayo, con cada árbol de fuego, con cada asqueroso verso de Arjona o cuando menciono a Jung. Es imposible. 

Hace poco encontré a gente de tu promoción, están tan grandes, ya son adultos, vos ya lo eras cuando te mataron, pero no perdías aquella chispa de jodarria que me cautivó cuando vos eras a penas un quinceañero y yo una idealista maestra joven, por vos... vos tuviste la culpa... todos los profesores sabían que prefería a los de tu especie, esa especie tan fina y loca, que no le teme a la autoridad y que cree que ningún reto es más grande que tus propias ganas de llevar la contraria a todo y a todos. Fue por vos que me acusaron de solo amar a la gente revolucionaria, a los cipotes mal portados, a los delincuencillos, sin saber ellos... pobres estúpidos... que precisamente eso que los hacía vivir a ustedes me hacía vivir a mí también. 

Te cuento que ya no estoy en aquel viejo colegio, terminé haciendo lo que tanto admiraba de ustedes, mandé todo a la mierda y me largue, no puedo decir que todo ha sido fácil desde entonces, pero no me arrepiento, ha sido lo mejor que pude haber hecho. Luego de tu muerte casi nada fue lo mismo en aquel lugar. 

Quizá por haber sido el último muerto de aquel trágico mayo, tu muerte terminó de darme el golpe más duro y terrible para mi ánimo, pero te aseguro algo, vos tenías razón al decir que soy fuerte, ¿te acordás? siempre me decías eso, como entre asombrado e ingenuo, "vos sos bien fuerte" decías con esa tu voz pastosa de hombre joven, hombre lleno de sueños, de esperanzas e ideales y cómo me gustaban tus ideales, porque los sentía tan cercanos a los míos. 

En estos días me da por preguntarme, cuál sería la razón que buscó la vida para hacernos coincidir entre tanto cerro escalado, entre tanto trabajo voluntario por los necesitados, entre tanta partida de UNO, o entre tanto tamal repartido en las eternas noches de invierno. A saber qué quería la vida... bueno sí lo sé, ahora sí... porque en aquel entonces yo tenía la idea equivocada de que nos habíamos reunidos para educarte, para forjarte como persona de bien, consiente y noble... pero no... el que me enseñaste fuiste vos y yo aprendí de la peor forma... extrañándote. 

Seguramente si estuvieras aquí, me preguntarías... ¿no andás fuego? y muy seguramente terminaríamos fumando sentados en alguna cuneta... hablaríamos de las comunidades, de los malabares que hay que hacer para hacer el trabajo necesario, o de tu novia o de mi sobrino, a lo mejor diríamos una fecha concreta para reunir a todos los de la pastoral y jugaríamos una eterna partida de uno, donde... por supuesto, vos ganarías. 

Pero nada, vos estás allá y yo sigo aquí, un poco más loca, un poco más contestataria, un poco extrañándote y un poco olvidándote, pero con el único objetivo de darte un poco de descanso y dejarte ahí, como sombra de recordatorio, ese recordatorio que siempre me hiciste, incluso aún cuando vivías, tengo que seguir siendo fuerte. 


4 comentarios:

La Pitahaya dijo...

"Esa especie tan fina y loca, que no le teme a la autoridad y que cree que ningún reto es más grande que tus propias ganas de llevar la contraria a todo y a todos."


Que entrada más tierna y nostálgica...

Miguel G dijo...

Muy lindo el post... voy a romper mi regla y comentaré un post "personal" (ya se todos son personales, en realidad es intimista).
Hace casi un año perdí a un gran amigo, él era la amalgama de un grupo... quien nos hacía llegar todos los sábados a su casa a chupar. Con él discutíamos de filosofía, oíamos a Sabina y Silvio y ya a pija bailábamos con Barrabas.
Has puesto en unas lindas palabras el fuego de la añoranza, el silencio de no estar pero sobre todo el compromiso de seguir viviendo...

KR dijo...

@La Pitahaya: Gracias, él es parte de los recuerdos más tiernos que tengo.

@Miguel: Ese tipo de amigos son los que más nos enseñan. Gracias por pasar a leer.

S0y la Que No Buscas dijo...

Que entrada más maravillosa, me encantó el sentimiento que refleja, amistades como esa son las que se recuerdan a pesar de los años, de la lejanía y de la muerte misma.

un abrazo :)