miércoles, 4 de febrero de 2009

Ahora que lo pienso... pienso en tí

El ayer me da mucho para desayunar cada día. No crean que me detengo eternamente, solo que me gusta traer a cuenta, a través de algunas canciones no solo fantasías, sino recuerdos que son como hechos de algodón de azúcar, otros están hechos de felpa y más de alguno tiene aroma a nísperos.

Él llegó como si nada por un pasillo del colegio y me abrazó sin pedir permiso. Los que me conocen saben que eso de la proximidad física era un tema duro de tratar (en aquellos tiempos), me sorprendió tanto su gesto sin malicia y espontáneo que no gruñí.

Poco a poco lo fuí descubriendo y él trató de descifrarme... me llevaba una década de adelanto, me miraba con asombro y toda la vida será un romántico, escribe, dibuja y mantiene correspondencia con las ánimas. Es maravilloso, más yo no lo amaba, yo era demasiado jóven para comprender. Pero que bueno hubiera sido... Hoy lo recordé no solo porque sus libros fueron los únicos que no vendí, sino porque en la radio sonó esta canción que un día me dedicó. Lloré.

Fuí y busqué el libro de poemas que me regaló un febrero como este. Ahí lo declara: soy una mujer rara, extraña... para él lo soy. También para otras personas lo soy, pero para él... soy extraña y eso amaba de mí. Lástima que el corazón no me dió para amarlo más y con la fuerza de mi alma. Tengo muchos años de no verlo. Ahora, de repente me encuentro a algunos seres y me dice: "yo lo conozco... es maravilloso" y me lo confirman. Este mundo es lindo por personas como él.

Les comparto esta mañana este dictado de amor.

"Yo pienso en tí" (Fernando Ubiergo)


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Ella era extraña
conversaba con el viento
le tenía miedo al tiempo
se peinaba en madrugada
para recibir al sol
se sentaba en la ventana
y dibujaba en los cristales
con sus manos una cárcel
para atrapar al sol.

Y en su mirada
detenía la alborada
me decía
"Soy un hada volaré hasta tu almohada a pintarte el corazón"
me abrazaba y me pedía
que soltara mis cometas
que en su vientre vivirían
porque sabrían que:

Yo pienso en ti,
yo pienso en ti
y en tu mirada
yo pienso en ti,
yo pienso en ti
y en tus mañanas.

Ella era extraña
me escribía unos poemas
que más bien eran teoremas
que rompían los esquemas
de cualquier verso de amor
y de pronto una mañana
se trepó a su poesía
y me dejó en caligrafía
un papel diciendo:

Yo pienso en ti,
yo pienso en ti
y en tu mirada
yo pienso en ti,
yo pienso en ti
y en tus mañanas.

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