lunes, 9 de febrero de 2009

Horror

No es una película, no es una malísima película con cuerpos desmembrados con sierra eléctrica, tampoco es un payaso roji-blanco en medio de un campo plagado de inmaculadas sábanas. No. El terrror que invade mi corazón es de otro tipo.
Es Arturo el hermano mayor, 19 años, alumno de los salesianos de algúna ingenieria perdida en el espacio... su hermano Oscar, Oscar como mi padre, Oscar como Sebastian, Oscar como varios amigos... un Oscar en fin... de 16 años, como mi hermana, como decenas de mis ex-alumnos, estudiante de un colegio católico, de un colegio de niños-bien. Un estudiante de segundo año de Bachillerato.
Ellos son parte del elenco de esta historia de horror.
Oscar murió hace nueve días, el sábado 1 de febrero. Arturo me contó su historia ayer... Oscar se fue al colegio, como todos los sábados, a jugar futbol... tenía admiradoras, creo que hasta tenía una novia... ese día jugó con sus compañeros, incluso con el rector de su colegio, se rieron mucho y hasta tuvieron una revuelta donde querían irse a puñetazos limpios... de esos juegos para demostrar la hombría naciente de la adolescencia.
Oscar nunca regresó a su casa nunca más.
Arturo recibió un mensaje: Mataron a tu hermano le dijo una voz anónima. Arturo tuvo miedo, Arturo no le dijo nada a su mamá, Arturo empezó a averiguar donde estaba su hermanito... Arturo aún tiene miedo.
Encontraron a Oscar en una piedra grande a la orilla de un río inmundo que pasa por Ciudad Delgado, estaba reventado a golpes y lo remataron con un tiro al lado izquierdo de su cabeza, una señora que pasaba por ahí le avisó a la pnc... Oscar tenía todo, su celular, su carnet del colegio, sus tacos del partido anterior... Oscar tenía todo... menos la vida.
Arturo lo encontró después de buscarlo por los hospitales, por la cruz roja, en las delegaciones de la pnc, luego de preguntarles a todos su compañeros... todos sabían, todos sabían qué había pasado. A Oscar se lo llevaron a la salida del colegio, eso dijeron todos, se lo llevaron porque otro de sus compañeros, los del equipo que perdieron, los que se habían agarrado del pelo... esos chicos, esos niños como él, tenían "contactos"... esos contactos no dejaron vivir un día más a Oscar.
Arturo sabe quién llamó a los matadores, Arturo sabe quién le avisó de su hermano, Arturo y todos los que jugaron futbol esa tarde saben qué sucedió, nadie dirá nada, nadie señalará a nadie, todos tienen miedo.
Yo tengo miedo, me entra el pavor, ¿cómo un niño planifica una muerte así? ¿cómo un niño tiene en su agenda de contactos del celular, el número de un maleante capaz de matar? ¿cómo en un colegio catoliquísimo no se enseña el respeto a la vida?
No me doy paja... puede sucederle a caulquiera... a mi hermanita, a mis vecinos, a los que fueron mis alumnos, a los que nacerán mañana, a los que ya habitan este San Salvador.
Arturo está triste, Arturo habla conmigo y me dice: "yo amaba mucho a mi hermano", Oscar ya no terminará el bachillerato, Oscar ya no llegará empolvado de jugar futbol, Oscar ya no enamorará a una muchacha, Oscar ya no soñará con un futuro... Arturo es, ahora, un niño que no comprende la dimensión de esta muerte, de la muerte de su hermano. Arturo... Arturo se quedará callado frente a mí, llorando como susurrando.

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